Adicción a la tecnología: ¿la enfermedad del Siglo XXI?

El Instituto Superior de Psicología Aplicada (ISPA) asegura que más de un 70% de los jóvenes portugueses tiene una adicción a la tecnología, de los cuales un 13% son casos graves.

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A esta altura del partido, nadie puede cuestionar la poderosa influencia que los avances tecnológicos y la Internet tienen sobre nuestra vida, ni los enormes beneficios que suponen. Sin embargo, el uso excesivo de estas herramientas podría convertirse en adicción. Entiende cómo se produce la dependencia a la tecnología, qué consecuencias puede tener y cómo evitarla, a continuación.

Dependencia de la tecnología

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Fuente: DisobeyArt/Shutterstock

Si bien los avances tecnológicos han sido los propulsores de los principales cambios sociales de los últimos tiempos, el uso de smartphones e Internet se ha vuelto algo absolutamente indispensable y ha empezado a influenciar el modo en que nos relacionamos con los demás.

No nos sorprende estar en un restaurante o en medio de un almuerzo o cena familiar mirando constantemente la pantalla de nuestro celular, y lo cierto es que debería. El tema es que a medida que los jóvenes se fanatizan más y más con estos medios de comunicación, la preocupación de los padres respecto a sus hijos va en aumento. Y es entendible.

Padres vs hijos: un conflicto generacional

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Fuente: Photographee.eu/Shutterstock

Por lo general, los padres están poco familiarizados con el universo tecnológico en el que sus hijos están tan metidos. Además, durante la adolescencia, -momento en que el conflicto generacional se agudiza más que nunca-, para los padres se vuelve muy difícil dialogar con sus hijos y controlar lo que estos hacen o dejan de hacer en Internet.

Mientras que las nuevas tecnologías en general y la Internet, en particular, nos permiten estar más conectados y en contacto con personas, productos y servicios de cualquier parte del mundo, también pueden apoderarse de nuestras vidas y nuestras relaciones.

El 13% de los jóvenes es adicto a Internet

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Fuente: Antonio Guillem/Shutterstock

El ISPA llevó a cabo un estudio con jóvenes portugueses a fin de obtener respuestas sobre este nuevo tipo de dependencia. Y tal como se esperaba, las conclusiones resultaron alarmantes.

De la muestra con la que se trabajó, un 13% de los jóvenes reveló una dependencia grave a la Internet y un 70% se incluyó dentro de la lista de “casos riesgosos”, pues, aunque aun no tendrían una clara dependencia, ya estarían evidenciando algunos de sus síntomas.

Este tipo de dependencia no solo supone implicaciones mentales, sino también físicas. Son cada vez más los casos de tendinitis, deformaciones en las manos y en la columna.

Aunque resulte difícil de creer, los jóvenes que presentan una dependencia grave a la tecnología deben abandonar la escuela, pues la dependencia es tal que se pasan enchufados a Internet hasta 20 horas por día, dejan de dormir, comen en frente a la computadora, presentan una baja tolerancia a las frustraciones y no tienen ningún proyecto de vida.

Cómo tratar la adicción a la tecnología

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Fuente: Kaspars Grinvalds/Shutterstock

Parece ser que la orientación terapéutica a las víctimas de esta situación y sus familiares, sería una de las formas más efectivas de reducir el sufrimiento y promover una mayor autonomía.

El objetivo, en todos los casos, es arrojar mayor claridad sobre esta área de estudios, a fin de colaborar con los padres y auxiliarlos en la identificación precoz de los síntomas y los factores de riesgo que conducen a la dependencia.

La idea no es alejar a nadie de las nuevas tecnologías, sino enseñar cómo darle un uso seguro para que deje de ser el centro de las atenciones. Debemos aprender a desligar nuestro celular, televisión y cualquier otra cosa que afecte la comunicación con nuestra familia y amigos.

Por lo general, quienes tienen una adicción a la tecnología se resisten a aceptarlo. No lo ven como un problema sino como un desenlace natural de los tiempos que corren. En ese sentido, los amigos y familiares resultan imprescindibles para que la víctima dé el primer paso: buscar ayuda.

El problema es que muchas veces los propios padres se niegan a imponer límites a sus hijos, pues no quieren que su relación con ellos se vea afectada. Y existe un escenario todavía peor: cuando los padres también son adictos a la tecnología.